¿Qué piensan los científicos del clima y por qué eso es importante?

Gavin Schmidt y Eric Steig, 04/07/2010

Los intentos de representar a la comunidad científica como fracturada y en desacuerdo han impulsado el esfuerzo de cuantificar la credibilidad de los científicos del clima.

Esta semana se ha discutido mucho en relación con un nuevo artículo de PNAS (Andregg et al, 2010) (1) que intenta valorar la credibilidad de los científicos que han hecho declaraciones públicas acerca de directrices políticas. Es el resultado de una larga tradición de artículos (y anteproyectos) en los que los autores intentaban valorar el estado del 'consenso científico' (Oreskes, Brown et al, Bray and von Storch, Doran and Zimmerman, etc.). (2)

Lo que ha problematizado todos esos intentos es que, como es muy difícil conseguir que los científicos respondan a preguntas directas (las tasas de respuestas a encuestas son penosas), se usan datos aproximados de un tipo u otro que pueden ser útiles, o no, para el ‘consenso’ específico que se está comprobando (que a menudo tampoco está muy bien definido). ¿Se basa la comprobación en todas las palabras del informe del IPCC? ¿O solo en los elementos científicos básicos? (3) ¿Implica adherirse a una opción específica? ¿O simplemente se afirma que habría que hacer ‘algo’ con respecto a las emisiones? De las preguntas de las encuestas que son ambiguas o están mal especificadas (4) surgen cuestiones relacionadas, aparte del hecho obvio de que en general las opiniones sobre el clima son muy variadas y, a veces, no es fácil colocarlas en cajas bien etiquetadas.

Dados estos problemas metodológicos (y hay otros), ¿Por qué se va a molestar la gente?

La respuesta está, directamente, en la naturaleza del “debate” público sobre el clima. Durante decenios, una de las principales herramientas del arsenal (5) de quienes tratan de impedir las acciones que reducirían las emisiones ha consistido en declarar que la ciencia tiene demasiada incertidumbre para justificar nada. Con ese objetivo, personas y grupos como Fred Singer, Art Robinson, el Cato Institute y los 'Friends' of Science han organizado periódicamente cartas y peticiones para indicar (o dar a entender) que ‘científicos muy importantes’ no están de acuerdo con Kyoto, o con la Cumbre de la Tierra, o Copenhague, o el IPCC, etc. Claramente son intentos de 'argumentos de la autoridad' y, como la mayoría de esos intentos, son falaces y equívocos.

Son equívocos porque, como sabe cualquiera que esté familiarizado con el campo, el consenso (6) básico es aceptado casi universalmente. Es decir, que el planeta se está calentando, que las actividades humanas contribuyen a las emisiones de gases de invernadero a la atmósfera (principalmente, aunque no exclusivamente, CO2), que estos cambios están jugando un papel importante en el calentamiento actual y, por tanto, los nuevos incrementos en los niveles de esos gases en la atmósfera es muy probable que causen nuevos calentamientos que podrían tener un impacto grave. Puede ir a cualquier reunión o taller estándar, explorar los resúmenes de artículos, examinar cualquier valoración, preguntar a cualquiera de las academias nacionales, etc., y recibirá la misma respuesta. Es cierto que hay disputas (7) acerca de problemas más detallados o específicos (como en cualquier campo científico) y que muchas investigaciones siguen mejorando nuestra comprensión cuantitativa del sistema, pero las cuestiones básicas (que subrayamos antes) son muy ampliamente aceptadas (aunque no universalmente).

En respuesta a esos intentos de presentar a la comunidad científica como fracturada y en desacuerdo, muchas personas han intentado encontrar modos cuantitativos de valorar el grado de consenso entre los científicos de la ciencia y, como en este nuevo artículo, el grado de credibilidad y experiencia entre los firmantes de varias cartas que abogan por medidas políticas.

Es completamente legítimo examinar las credenciales de las personas que hacen declaraciones públicas (con independencia del lado de la cuestión en el que estén): especialmente si afirman tener experiencia científica. No es lo mismo que un consejo médico lo dé un curandero o la Dirección General de Salud Pública. La base de datos (8) que ha reunido Jim Prall permite que cualquiera pueda examinar esa experiencia; y dado que cualquier nueva fuente de información es útil, pensamos que es generalmente aceptada. La base de datos de Prall tiene una serie de cuestiones estándar, la mayoría de ellas menores, pero otras que podrían considerarse más problemáticas: confía en las estadísticas de citaciones, que tienen problemas bien conocidos (aunque principalmente entre los campos, no dentro de cada uno de ellos), usa el índice de citas de Google Scholar, en lugar del estándar ISI, y hay casi confusiones entre personas de nombres similares. Se podrían intentar diferentes metodologías –quizás una clasificación mediante el h-index– (9) pero mientras las pequeñas diferencias no estropeen las proporciones, las clasificaciones que reúne parecen razonables.

Por tanto, ahora es posible estimar un nivel de experiencia asociado con cualquiera de las diversas listas y cartas que existen. Téngase en cuenta que merece la pena distinguir entre las cartas que han sido voluntariamente firmadas y las listas que se han reunido teniendo en cuenta solamente la puntuación política (la lista Inhofe/Morano fue atroz por su forma de escoger las citaciones con el fin de fortalecer sus números y no se puede confiar en ella en modo alguno como un reflejo preciso de las opiniones de la gente, y similarmente colaborar con RealClimate no es una declaración de preferencias políticas). Además, no siempre está claro que todo firmante de cada carta crea realmente todos los puntos de la declaración. Por ejemplo, ¿realmente cree Lindzen que la atribución es imposible (10) a menos que los cambios actuales excedan todas las variaciones conocidas (lo que implica que no podemos decir nada a menos que tengamos más frío que en la Tierra bola de nieve o haga más calor que en el Cretáceo, o el nivel del mar suba más de 120 metros...)? Lo dudamos. Pero como pruebas de las preferencias políticas, probablemente estas cartas son indicadores válidos.

Entonces, los científicos del clima que han declarado públicamente que ‘están convencidos de la evidencia’ de que se necesitan políticas sobre emisiones, ¿han de tener más credenciales y experiencia que los firmantes de las declaraciones que afirman lo opuesto? Sí. Eso no demuestra de quién es la receta política correcta, y sigue siendo una posición viable (aunque algo incómoda) reconocer que aunque la mayor parte de los científicos estén de acuerdo en que hay un problema, alguien puede no querer hacer nada con respecto a las emisiones. ¿Hacer una lista de los firmantes de declaraciones públicas, o de autores de informes del IPCC, constituye una ‘deslegitimación’ de sus opiniones? Lo más mínimo. Si las opiniones de alguien son ampliamente descartadas, será probablemente por lo que han dicho, no por quiénes firmaron las cartas.

Sin embargo, cualquier intento de usar las opiniones políticas (contrariamente al mérito científico) para afectar a las dotaciones de fondos, influir en las contrataciones académicas o acosar personalmente a científicos no puede producirse en una sociedad libre, venga eso de la dirección que venga. En este contexto, hacemos notar que cuando la categorización va más allá de una posición política declarada personalmente, se está sobre una capa de hielo muy delgada, por el peligro de la ‘culpa por asociación’. Por ejemplo, uno de nosotros (Eric) cree con mayor fuerza que algunas de las clasificaciones de Prall en su conjunto de datos cruzan una línea (para tener más información sobre la opinión de Eric, vea sus comentarios de Dotearth). (11)

¿Agregará mucho este artículo al argumento de ‘si hay o no consenso’? Lo dudo. A la gente le gusta que haya esa discusión.

Pero realmente hay consenso. (12)

Gavin Schmidt es climatólogo del Instituto Goddard de la Nasa y Eric Steig es geoquímico de isótopos en la Universidad de Washington en Seattle.

Traducido por Victor García para Globalízate

Artículo original:
http://www.realclimate.org/index.php/archives/2010/06/what-do-climate-scientists-think/#more-4284

Referencias:

(1) http://www.pnas.org/content/early/2010/06/04/1003187107.abstract
(2) http://tigger.uic.edu/~pdoran/012009_Doran_final.pdf
(3) http://www.realclimate.org/index.php/archives/2004/12/just-what-is-this-consensus-anyway/
(4) http://www.realclimate.org/index.php/archives/2008/09/a-new-survey-of-scientists/
(5) http://www.skepticalscience.com/argument.php
(6) http://www.realclimate.org/index.php/archives/2004/12/just-what-is-this-consensus-anyway/
(7) http://www.realclimate.org/index.php/archives/2009/12/unsettled-science/
(8) http://www.eecg.utoronto.ca/~prall/climate/list_sources.html
(9) http://en.wikipedia.org/wiki/H-index
(10) http://www.nationalpost.com/news/story.html?id=164002
(11) http://dotearth.blogs.nytimes.com/2010/06/24/notes-from-the-whaling-and-warming-wars/
(12) http://logicalscience.com/consensus/consensusD1.htm

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