ECONOMÍA

¿WAL-MART DE PUNTA A PUNTA?

Kenneth Rogoff/Project-Syndicate.org

¿Quiere saber qué videoclip pronto estará aterrando a los formuladores de políticas de todo el mundo? En un escenario que se asemeja misteriosamente a la propagación de una pandemia global, el economista Thomas Holmes preparó una simulación de un mapa dinámico que muestra la propagación de las tiendas Wal-Mart por todo Estados Unidos. Arrancando en el epicentro de Bentonville, Arkansas, donde Sam Walton abrió su primera tienda en 1962, las tiendas Wal-Mart, con su aspecto de cajas gigantes, se han multiplicado al punto de que el norteamericano promedio vive a menos de siete kilómetros de una de ellas.

Curiosamente, el video muestra cómo las tiendas se despliegan como los pétalos de una flor, engrosándose y expandiéndose cada vez más. En lugar de lanzarse a las costas –el 80% de los norteamericanos vive como mucho a 80 kilómetros de los océanos Pacífico o Atlántico-, las tiendas Wal-Mart se propagaron de manera orgánica a través de una cadena de abastecimiento en constante expansión. Si bien cada tienda nueva le resta ventas a las tiendas Wal-Mart que ya están establecidas en los alrededores, la eficiencia cada vez mayor en el abastecimiento ayuda a mantener el crecimiento general de la cadena.

Uno puede amar u odiar a la firma, pero lo que es innegable es que Wal-Mart es el ejemplo más esencial de los costos y beneficios de la globalización moderna. Los consumidores pagan considerablemente menos que en un negocio tradicional. Por ejemplo, los economistas estiman que la sección alimentos de Wal-Mart cobra el 25% menos que una típica cadena de supermercados grande. Las diferencias de precios para muchos otros productos son incluso mayores.

Consideremos el siguiente dato asombroso: junto con unos pocos megamercados de la misma clase (Target, Best Buy y Home Depot), Wal-Mart representa aproximadamente el 50% de la ventaja en cuanto a mayor productividad de Estados Unidos sobre Europa en los últimos diez años –ventaja de la que tanto alarde se hace-. ¡Cincuenta por ciento! Los progresos similares que hicieron las cadenas de abastecimiento mayoristas representan otro 25%. El concepto de que los norteamericanos mejoraron en todo mientras que otros países ricos permanecieron estancados es, por ende, absolutamente engañoso. El milagro de la productividad norteamericano y el auge del comercio minorista al estilo Wal-Mart son prácticamente sinónimos.

No tengo nada en contra de los megamercados. Son una gran bendición para los consumidores de bajos ingresos, y compensan, en parte, el tibio crecimiento salarial que muchos de ellos sufrieron en los últimos veinte años. Y no coincido con mis amigos que desprecian las tiendas Wal-Mart y aseguran nunca haber pisado una. Como consumidor, pienso que los megamercados son maravillosos. De hecho, han sido maravillosos para los socios comerciales de Estados Unidos; sólo Wal-Mart representa más del 10% de todas las importaciones norteamericanas de China.

Pero tengo ciertas reservas sobre el modelo Wal-Mart como modelo a imitar para el crecimiento global. En primer lugar, está el tema de su efecto en los trabajadores de bajos salarios y en los comerciantes de menor escala. Si bien son absolutamente legales, los estudios sugieren que las políticas laborales de Wal-Mart sacan rédito de las grietas regulatorias que, por ejemplo, le permiten evadir la carga de los costos de atención médica de muchos empleados (Wal-Mart ofrece cobertura médica a menos de la mitad de sus empleados). Y el arribo de los megamercados a una comunidad aplasta a los comerciantes establecidos desde hace mucho tiempo y, a menudo, transforma su esencia de manera traumática.

Sí, hasta cierto punto, ése es el precio del progreso. Pero la pérdida de la estética y el sentido comunitario no se perciben fácilmente en simples estadísticas de ingresos y precios. Los megamercados no son exactamente atractivos. Si siguen su crecimiento explosivo en los próximos 20 años, ¿algún día los norteamericanos llegarán a considerar su proliferación como un ejemplo espectacular de la imposibilidad de adoptar diseños regionales para un crecimiento equilibrado?

Por cierto, muchos europeos, entre otros, verán la simulación en video de Holmes sobre la propagación de Wal-Mart como una película de terror. Los franceses pueden haber inventado el hipermercado –el antecesor del megamercado-, pero nunca fue su intención permitir que su crecimiento se fuera de control. El gran interrogante para los europeos es si pueden encontrar la manera de usufructuar algunas de las ventajas de eficiencia encarnadas en el modelo Wal-Mart sin verse desbordados por él.

Para los norteamericanos, existe el interrogante adicional de qué hacer cuando el fenómeno de los megamercados se agote. Si gran parte de la ventaja de Estados Unidos en materia de productividad realmente implica dejar que Wal-Mart y sus parientes avancen frenéticamente, ¿qué pasará después de que disminuya esta fuente de crecimiento? La economía norteamericana tiene muchos otros puntos fuertes, entre ellos su sistema financiero superior y la posición de liderazgo en los bienes de capital de alta tecnología, pero también es cierto que la ventaja de Estados Unidos en estas áreas hasta el momento no ha sido tan asombrosa como el fenómeno Wal-Mart. Es curioso cuánta gente parece pensar que Estados Unidos crecerá más rápido que Europa y Japón en los próximos diez años simplemente porque fue así en los últimos diez.

Wal-Mart y los de su clase son una característica central de la era moderna de la globalización. No son la pandemia que aparenta ser su patrón de crecimiento explosivo, pero esto no quiere decir que su auge sea completamente benigno. Aquellos que aspiren a emular las tendencias de productividad de Estados Unidos deben analizar cómo les sienta ver un surgimiento de megamercados en todo el país, provocando una caída de los salarios y enterrando a los comerciantes de menor escala. Los norteamericanos, a su vez, deben pensar dónde reside el equilibrio apropiado entre estética, comunidad y precios bajos.

Kenneth Rogoff es profesor de Economía y Política Pública en la Universidad de Harvard y fue uno de los principales economistas del FMI.