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OPINIÓN
SÚMENSE A LA CAUSA George Monbiot/monbiot.com La izquierda debe ver que solo la protección del medio ambiente tiene el poder de limitar a las corporaciones globales Al lado del desastre de Iraq, la nueva campaña de terror islámico y la batalla sobre la política de inmigración, la supervivencia del albatros podría no parecer el asunto político más relevante. Para muchos en la izquierda el medio ambiente es a lo mejor una distracción y una regresión a lo peor. Como Christopher Hitchens dijo en un debate la semana pasada: “La ciencia del medio ambiente y la ecología.. son posiciones conservadoras. Pueden ser honorables y defendibles, no son radicales.” Esto fue verdad una vez. El movimiento verde moderno en Europa empezó como una respuesta de los terratenientes al crecimiento de la clase media y las industrias que la potenciaron. El industrialismo amenazó a los paisajes que reflejaban un orden social inalterable y un control económico de la aristocracia. Hoy, sería idiota decir que esta tendencia ha desaparecido completamente. Mucha de la financiación del movimiento en este país es dada por gente con riquezas heredadas, el mas prominente de los cuales, Teddy Goldsmith, se describe felizmente como un reaccionario. Al reafirmar la política tradicional de los Tories de proteccionismo, el partido verde británico, que en otros aspectos es una fuerza radical, se encuentra aliada a organismos tan ultra conservadores como America First. Pero mientras algunas de las políticas de sus líderes no han cambiado, el significado político de la protección del medio ambiente si lo ha hecho. Las corporaciones se han convertido en la nueva aristocracia; un poder entronado que no muestra señal de ser usurpado desde dentro. Lejos de convertirse en un catalizador para el cambio revolucionario, se han asegurado que todo lo que una vez se fundió en el aire se convierta en sólido, como activos intangibles –el genoma, internet, incluso el tiempo- son atados a una nueva generación de derechos de propiedad. Los especuladores financieros establecen los limites de la acción política: Si un gobierno atraviesa la línea política y “pierde la confianza de los mercados”, la economía se derrumba y poco después el gobierno El orden mundial es tan peligroso para el bienestar social como el feudalismo. Mientras la industrialización todavía tiene un potencial de liberación para las naciones mas pobres, su impacto global en el clima significa que podría ahora destruir mas vidas que las que salva. El medio ambiente y la justicia social se han convertido en indivisibles. Ignorar el impacto de las decisiones económicas en el medio ambiente, como hace una parte de la izquierda, es ignorar una de las mayores fuentes de opresión. Esto no es decir que los análisis clásicos de la izquierda de las relaciones de poder se han vuelto redundantes. A nivel global podemos discernir una dialéctica del tipo que precisamente Marx previo. Cuando las mismas corporaciones buscar reforzar las mismas condiciones en todas partes, crean una clase universal interesada en enfrentarse a ellas. Nadie necesita persuadir a la que gente que combate a Monsanto en Inglaterra que tienen causa común con la que combate a Monsanto en Bangladeh o en Bolivia. Pero a causa de que las corporaciones han aplastado de forma tan efectiva a las fuerzas del trabajo globales, mucha de la presión para cambiar ahora viene de fuera de las puertas de las fábricas. Como resultado parcial de los cambios que han tramado, como resultado de la reducción de los recursos naturales, las corporaciones ahora aparecen ser más vulnerables a las protestas medio ambientales que a la huelgas. Al dejar exhaustas las reservas mas accesibles de petróleo, minerales, maderas, pescado y agua potable, son ahora forzados a conflictos mas amplios con la población local cuya tierra y agua tienen que proteger para mantener la producción. Como resultado, el robo de recursos y la consecuente contaminación se han convertido en asuntos políticos de gran importancia en todas partes. Al mismo tiempo, el camino hacia el recorte de los costes laborales y el descubrimiento de nuevos mercados requiere de avances tecnológicos constantes. La ciencia en países como Inglaterra ha sido subordinada a las demandas corporativas para nuevas tecnologías provechosas. Para desarrollar estar tecnologías, las compañías tienes que demandar también niveles de regulación incluso más bajos. Estas son razones por las que la política científica se han convertido en un campo de batalla y porque tantos de los que dicen estar defendiendo la ciencia parecen en cambio estar defendiendo el poder corporativo. El factor limitante para las corporaciones, en otras palabras, ya no es el trabajo, si no el ecosistema y las regulaciones para protegerlo. Esta es la razón por la cual estas son las pocas batallas que los movimientos disidentes del mundo están ganando. Esto podrá parecer algo extraño dicho así, en un momento cuando el cambio climático parece esta acelerando, el gobierno de EEUU insiste en elevar la producción de químicos destructores de la capa de ozono y un nuevo informe de la ONU sugiere que grandes “zonas muertas” causadas por aguas residuales o contaminación agrícola se están extendiendo a través de los océanos. Pero durante la semana pasada en Inglaterra hemos ganado cuatro victorias sonadas. El pasado jueves, Bayer, la compañía que hace justo un mes recibió permiso para empezar a cultivar maíz genéticamente modificado para comerciar en Inglaterra, renunció. Esto significa que no podrán ser cultivados cultivos genéticamente modificados en Gran Bretaña hasta al menos 2008 o quizás nunca. El martes, la comisión europea que mareo la perdiz durante 14 años, ordenó a la central nuclear de Sellafield, limpiar el plutonio que había estado acumulando. Desde la década de los 50 se cree que Sellafiel ha arrojado 1.3 toneladas de plutonio – suficiente para hacer 162 bombas atómicas- en una piscina al aire libre. El viernes, ejecutivos del conglomerado de negocios Lafarde visitó a los habitantes de la isla Hebridea de Harris y anunciaron que abandonaban sus planes de convertir el Monte Reoineabhai, parte de un paisaje protegido, en runa canto rodado. La montaña, según uno de los patrocinadores de la cantera se habría convertido en el mayor agujero del mundo. El sábado, el ministerio de Asuntos Exteriores británicos, después de amenazar con hundirlo, finalmente retiro sus objeciones a un nuevo tratado, reforzando la protección de los albatros de los pescadores que usan el arrastre en las aguas territoriales británicas. Tantos albatros caen en las redes que ahora hay un total de 21 especies amenazadas. En todos estos casos, la victoria contra alguna de las mayores corporaciones del mundo fue realizada por pequeños grupos de población local y activistas errantes, armados con una pequeña fracción del presupuesto de sus oponentes. No han liberado a la clase trabajadora de la opresión, pero han reducido el poder de los opresores. Estas son victorias de la gente común contra la nueva aristocracia. Nada socava mas una causa que un fracaso repetido, Al mostrar que podemos ganar contra los grandes “malos”, revitalizamos la campaña no solo contra la destrucción medioambiental, sino contra otras formas de opresión. Estos izquierdistas que todavía ven a la protección medio ambiente como una lucha de otros están perdiendo una gran oportunidad. Pero si estas victorias van a extenderse, entonces ambos lados necesitan ser más coherentes. El partido verde, por ejemplo, dice apoyar la doctrina de “contracción y convergencia”, en que el uso de recursos por naciones diferentes converge a la igualdad. Todavía busca a través del proteccionismo, prevenir la transferencia de trabajos de manufacturas y servicios de las naciones ricas a las pobres, que asistirían el proceso. Similarmente, si la izquierda tradicional va a tomar una posición verdaderamente internacionalista, tiene que terminar la presión para el modelo de desarrollo en casa que, a través del cambio climático, destruye la vida de otras personas. Si los verdes rompen con el pasado y los rojos comprenden su futuro, la nueva aristocracia se encontrara en serios problemas. |