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SOCIEDAD
LOS FRUTOS DE LA POBREZA George Monbiot/monbiot.com La riqueza de los supermercados es construida sobre el monopolio, la explotación y la restricción de la elección. Cada año la lista es la misma, pero cada año, aun se produce un shock. De las diez personas más ricas de la Tierra, cinco de ellas tienen el mismo apellido. No es Gates, Murdoch o Rockefeller, sino Walton. Son los herederos y administradores de la cadena de supermercados Wal-Mart. Suman 100 mil millones de dólares. Considerando como la prensa adula a los hiper ricos, oímos sorprendentemente muy poco de ellos. Quizás, es porque su posición es bastante embarazosa. La compañía que les enriquece comercia sobre la idea de que es un amigo de hombres y mujeres normales, distribuyendo en lugar de concentrar riqueza. En los últimos 20 años, dos transformaciones sociales que han golpeado al mundo han tenido lugar. El primero, el colapso efectivo del proletariado como una fuerza política, que ha sido bien documentado. La segunda, la desaparición de la pequeña burguesía como fuerza económica. La casi eliminación de los pequeños negocios que suministran y trabajan el comercio minorista, es de alguna manera tan consecuente como el debilitamiento del trabajo organizado en la industria pesada y en las minas de carbón. La monopolización global del sector ha destruido la supervivencia de decenas de millones de pequeños propietarios y sus empleados. Pero, como consecuencia de que las fuerzas del trabajo se han dispersado, los efectos son más difíciles de ver. Hace un par de semana, fui a comprar algunos árboles frutales. Viaje a unos de los centros más poco atractivos de biodiversidad del mundo: Langley, en los suburbios de Slough. En la primera mitad del siglo 20, la mayor parte de la fruta y verdura de Londres era cultivada allí. Las granjas eran suministradas por viveros especializados, que aseguraron que Gran Bretaña poseyera una gran variedad de árboles frutales de origen templado. Hace dos semanas, solo quedaba uno de estos viveros. Desde 1940, JC Allgrove ha guardado un millar de variedades de manzanos. Todavía esta listada en los directorios como una de los grandes cultivadores de Gran Bretaña. Pero yo era uno de sus últimos clientes. Desde que el propietario murió hace dos años, el negocio ha sido llevado por un voluntario, Nick Houston. “hay en cierta medida tierra aquí donde nadie ha estado durante 20 años,” me dijo. Recientemente, escarbando bajo la hiedra que ahora cubre los huertos, encontró una manzana que no había visto nunca antes. Era una Reineta de Baumann: el equivalente hortícola del huevo Fabergé. “Pero no tenía ni idea de que árbol había caído.” En alguna parte del vivero debería haber dos variedades –King Harry y St Augustine’s Orange –que incluso la colección frutícola nacional no posee, pero no ha sido posible encontrarlo aún. La tierra va a ser vendida. Nick salvará lo que pueda y llevara su propio negocio, bajo el viejo nombre, para intentar mantener estos tipos de árboles en crecimiento. Me dio una sola palabra cuando le pregunte lo que había ocurrido a los negocios. “Supermercados.” Hoy, las manzanas que compra aterrizan a tres millas de JC Allgrove. La primera autopista a Heathrow fue construida sobre granjas de fresas y huertos. Desde el aire, puedes aun ver los invernaderos abandonados y las líneas paralelas de tierra donde los árboles frutales una vez crecieron. Richard Cox, el hombre que crió la manzana favorita del mundo, esta enterrado cerca de la iglesia de St Mary en Harmondsworth, que será derrumbada si se construye una tercera autopista a Heathrow. Los supermercados han usado su poder de compra para forzar a los granjeros del mundo a competir directamente entre ellos. Ayer, hable con un fruticultor en Gloucesterrshire, que me dijo que para permanecer en el juego tiene a veces que vender Coxes por tan poco como 57 peniques el kilo, menos que su coste de producción. Los supermercados que venden las mismas manzanas entre 1.60 y 1.80 libras. Pueden comprarlas por incluso menos de Chile, Nueva Zelanda y Sudáfrica, donde el trabajo es barato y las granjas enormes. Esto no presentaría una amenaza a los cultivadores aquí, si los supermercados no hubieran usado su poder político para asegurar que el coste del petróleo permanezca bajo y los puertos y aeropuertos sigan funcionando. Estas compañías que se pasean ahora por el campo de batalla, despachando a los últimos heridos. Hace pocos días, Verdict Research publico un reportaje sobre la toma de las tiendas de ultramarinos de Gran Bretaña. Las grandes cadenas se han trasladado a los suburbios, donde están acabando con la competición. “Ahora los vendedores mas pequeños ya no se pueden esconderse en el barrio,” Verdcit informa. “una expulsión mayor es inevitable.” Wal-Mart, propietaria de la cadena británica Asda, es ahora la compañía más grande del mundo. En el último año financiero, recogió 245 mil millones de dólares. Es tan exitosa en parte porque es uno de los empresarios más rudos en el mundo occidental. En EEUU su vendedores cobraron un promedio de 13.861 dólares en 2001, casi 800 dólares por debajo de la línea federal de pobreza para una familia de tres. Se ha informado a los nuevos empleados como solicitar vales de comida para que no se mueran de hambre. En noviembre, la policía encontró cientos de trabajadores inmigrantes ilegales trabajando como limpiadores en sus tiendas. Algunos de ellos dices que eran obligados a trabajar siete noches a la semana, sin horas extra, seguros o beneficios. Forzando a la baja los precios de los bienes que venden, los supermercados animan a incluso a unas condiciones más represivas en las compañías que les suministran. Un estudio reciente de Oxfam documenta el abuso sistemático de los trabajadores en las factorías y granjas de donde los supermercados compran. Los Waltons son tan ricos porque otros son tan pobres. Detrás de esto, la destrucción de nuestra diversidad hortofrutícola parece trivial. Pero ambas son las manifestaciones del mismo problema. Cuando los supermercados capturan el mercado, acaban con todas nuestras elecciones: sobre donde compramos, lo que compramos, para quien trabajamos. Esto, por supuesto, es lo que busca todo monopolio. Podríamos haber esperado que los gobiernos les trataran como tales. Realmente, hubo un tiempo cuando lo hacían. En 1936, una ley antimonopolio federal fue promulgada en EEUU para proteger a las tiendas pequeñas de la compañía Grat Atlantic&Pacific Tea. Pero los gobiernos, eran más valientes antes. En Gran Bretaña, la oficina para el Comercio Justo y la Comisión Competitiva parecen gastar su tiempo diseñando nuevas excusas. Continúan insistiendo, por ejemplo, que las grandes tiendas y lo ultramarinos son mercados separados. Tesco puede vender un 25% de los comestibles británicos, pero es propietaria de “solo” un 6% del mercado de tiendas abiertas las 24 horas. Así se les puede permitir expandirse en este sector como les plazca. El mes pasado la oficina de Comercio Justo admitió que su código voluntario de prácticas, que se supone que protege a los granjeros del poder excesivo de los supermercados, no esta funcionando. Como forma de remedio propusieron “mas investigación”. En repuesta, los diputados Andrew George y David Drew lanzaron ayer una moción en el parlamento, pidiendo un código legal fuerte de prácticas y una supervisión de los supermercados. Pero Tony Blair parte estar tan atemorizado de los supermercados como de los tabloides. Nick no pudo encontrarme ninguna de las variedades más raras. Me vendió una Pearmain de Adam (manzana blanca), una Charles Ross, una Sturmen Pippin (Reineta) y una Cornish Aromatic (Cornualles). Habría comprado los nombres incluso si los árboles no estuvieran conectados a ellos. Si sobreviven a mi torpe manejo y producen fruta, mirare cada manzana como un acto menor de insurrección |