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SOCIEDAD PRIMERO DE MAYO: AVANCES AQUI Y ALLÁ Antonio Gershenson/La Jornada El primero de mayo de 1886 estalló, en Estados Unidos, la huelga general por la jornada de ocho horas. Una de las principales manifestaciones ocurrió en Chicago, donde "alguien" hizo estallar una bomba que mató a un policía: la típica provocación contra un movimiento pacífico. Unos meses después fueron ahorcados los principales dirigentes de la huelga, en el contexto de una represión generalizada. Esos dirigentes, en realidad, fueron inmortalizados como "Los mártires de Chicago". Desde entonces se conmemora, en casi todo el mundo, el primero de mayo como el Día del Trabajo, o de los trabajadores. En Estados Unidos, sin embargo, se decretó que esa conmemoración fuera el primer lunes de septiembre. Ahora, las multitudes que ganaron las calles recuperaron el primero de mayo. Por más que la versión oficial siga siendo la del primer lunes, nunca en esos días saldrá a la calle un número comparable al de este primero de mayo. Es más, en adelante no sólo se volverá a recordar, en esta fecha, el primero de mayo de 1886, sino también el de 2006, 120 años después. En México también fue un día histórico, pasaron cosas que hace meses casi nadie hubiera creído. Hubo en el Zócalo un pequeño y breve acto, a las nueve de la mañana, de lo que queda del sindicalismo oficial. Al cabo de una media hora en esa plaza, se fueron a Los Pinos al verdadero acto oficial. Poco después, desde cinco lugares de concentración previa, marcharon hacia el Zócalo -en el que no cupieron y tuvieron que ocupar varias cuadras de vialidades colindantes- un gran número de trabajadores, estimados en unos 200 mil, miembros de las más variadas organizaciones sindicales. Siendo un acto independiente, que entre otros tenía el lema de "Ni un voto al PAN", participaron: la CROC, el SNTE "oficial", numerosos sindicatos de la CTM, destacando el petrolero y, por supuesto, el minero-metalúrgico, centro de varios conflictos. Y claro, sindicatos más independientes, como los agrupados en la UNT (SME, telefonistas, IMSS, universitarios y muchos más) y otros agrupamientos. Se reclamó a los gobernantes el asesinato de los
dos trabajadores de Sicartsa, en la siderúrgica Lázaro Cárdenas
de Michoacán. Se rechazaba el que el gobierno hubiera desconocido
a la dirección del sindicato minero-metalúrgico y nombrado
otro a su gusto o, más bien, al gusto de una de las mayores empresas
del sector. Ese desconocimiento había causado sucesivas huelgas
al llegar las revisiones de contrato, sin que los trabajadores reconocieran
a la dirección impuesta, ni la empresa a la dirección existente
y reconocida por los trabajadores. En ocasiones la empresa sí negoció
y firmó la revisión, no hubo huelga, pero sí presiones
de la autoridad laboral para que sólo reconocieran a su elegido.
Esto se suma a que hace unos meses la autoridad del Trabajo
"reconoció" a un líder "relecto" en
el Congreso del Trabajo, Víctor Flores, de lo que queda del sindicato
ferrocarrilero, estando prohibida la relección. Una parte importante
del Congreso del Trabajo se separó en los hechos, y esto contribuye
a explicar que una absoluta mayoría de los sindicatos estuvo en
la gran concentración, y el sindicalismo oficial (panista) haya
quedado reducido al mínimo. En los micrófonos del Zócalo se anunciaron medidas adicionales, se habló de huelga general incluso. En estos días se consensurían los siguientes pasos a dar. Por lo pronto, entre la torpeza de los funcionarios y su política antisindicalista, le han abierto al gobierno federal un nuevo frente con vistas al 2 de julio: "Ni un voto al PAN". Una multitud de trabajadores organizados harán campaña... en su contra. |