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CAMBIO CLIMÁTICO ¿Puede una dosis de recesión resolver el cambio climático? Subvertir el modelo de crecimiento a toda costa es atractivo, pero no es políticamente factible
Larry Elliott, en The Guardian (31/08/08) Gran Bretaña acaba de sufrir su periodo de crecimiento más débil desde la recesión de principios de los años 90. La economía "se ha detenido con un chirrido" en el segundo trimestre del año: los peores rendimientos desde el primer trimestre de 1992. Los indicios señalan que las noticias serán todavía más desastrosas en la segunda mitad del año. Observen el uso deliberado del lenguaje. En el mundo de la economía convencional, los países sufren periodos de débil expansión, pero disfrutan de temporadas de fuerte crecimiento. Cuando la economía deja de crecer, axiomáticamente se da un rendimiento peor que cuando lo hace. Es una noticia "desastrosa" que Gran Bretaña pueda cumplir la definición técnica de recesión —dos trimestres seguidos de crecimiento negativo—en la segunda mitad de 2008. A algunos, esta manera de mirar las cosas les puede parece extraña. Con seguridad, la economía global está funcionando con mayor lentitud. ¿Pero qué hay de malo en ello? ¿Realmente es una mala noticia que la economía mundial ya no crezca en sus recientes tasas del 5% al año? Y si la respuesta a esa pregunta es "no", ¿no sería una buena noticia que esta modesta racionalización de los gastos se convirtiera en una recesión completa? ¿Y para qué pararnos ahí? A los que temen por el futuro del planeta, ¿no les parecería bien algo semejante a la Gran Depresión de los años 30? Es un pensamiento interesante. Lógicamente, si la obsesión por el crecimiento a toda costa ha aumentado las emisiones hasta el punto de que el aumento de las temperaturas plantea una amenaza a la existencia de la humanidad (como creen muchos expertos) un periodo prolongado de crecimiento lento o negativo limitará el daño en el medio ambiente. En última instancia, proporcionaría un respiro para alcanzar un acuerdo internacional sobre el modo de abordar el problema. Por numerosas razones, no es así de simple. Mi comprensión rudimentaria de la ciencia del cambio climático es que las concentraciones de gases de efecto invernadero se han estado formando durante muchos decenios, y no es posible cerrarlas como se cierra un grifo. Incluso tres o cuatro años de recesión mundial al estilo de los años 30 tendrían poco o ningún impacto, especialmente si fueran seguidos por un periodo de vigoroso crecimiento de compensación. En un diagrama que muestre el crecimiento desde el nacimiento de la era industrial, hace 250 años, la Gran Depresión es un ligero destello. Similarmente, el déficit comercial de Gran Bretaña siempre se reduce en las recesiones, porque lo hacen las importaciones, pero vuelve a ampliarse en cuanto la economía regresa a su tipo de crecimiento habitual. Políticamente, las recesiones no son útiles para la causa del medioambiente. El cambio climático es sustituido en las preocupaciones por el desempleo y la estimulación del crecimiento. Para ser justos, los políticos responden a lo que dicen los votantes: la supervivencia de Gordon Brown como Primer Ministro depende de cómo se reciba su paquete de medidas económicas, no de lo que haga o deje de hacer para limitar la emisión de gases de efecto invernadero. Mirando hacia atrás, es evidente que cada avance del movimiento verde ha coincidido con un periodo de crecimiento fuerte: principios de los años 70, finales de los 80 y la primera mitad del decenio actual. Fue bastante difícil conseguir que los líderes del mundo tomaran el cambio climático como una prioridad cuando la economía estaba experimentando su periodo más largo de crecimiento sostenido: será terriblemente difícil persuadirlos de que tomen medidas que podrían desalentar el crecimiento en un momento en el que las colas del paro se estén alargando. Los que probablemente más lo sufrirían serían los trabajadores con empleos más marginales y los pensionistas, que quizá tendrían que dedicar un 20% de sus ingresos a la factura energética. Por tanto, la recesión no ofrece ni siquiera una solución temporal al problema del cambio climático y es una fantasía imaginar que lo vaya a ser. El problema real es saber si es posible plantear un desafío al “modelo de crecimiento a toda costa” y encontrar una alternativa que sea medioambientalmente benigna, económicamente sólida y políticamente factible. Pulsar los tres botones es muy difícil, pero intentar hacerlo es mucho más constructivo que aguardar a que el capitalismo industrial desaparezca bajo el peso de sus propias contradicciones. Richard Douthwaite, autor de Growth Illusion en los años 90, ha encontrado una posible manera de avanzar, que llama Cap and Share (poner un tope y compartir). Su análisis empieza con tres propuestas: primero, que se necesita un techo sobre las emisiones de carbono en su nivel actual; segundo, que el crecimiento de los precios del petróleo y el gas están produciendo ganancias extraordinarias, las llamadas rentas económicas, a los países productores de petróleo y las compañías de la energía; y tercero, que esta redistribución de la riqueza tendrá el mismo impacto nocivo sobre la economía global y su tambaleante sistema financiero que la primera oleada de petrodólares salida de los países de la OPEC en los años 70 y principios de los 80. Según Douthwaite, casi todos los campos petrolíferos se desarrollaron presuponiendo un precio de 20 (10 £) por barril. El año pasado, el coste medio del crudo fue de 64 barril, por lo que Douthwaite calcula que la mitad de los 1,975bn $ pagados el año pasado por el petróleo fue una renta de “escasez” que va a parar a los productores de combustibles fósiles. Que representaba una pérdida de ingresos de 150 $ para cada habitante del planeta. Los precios del petróleo parecen bastante por encima de los 70 $ barril en 2008, y a un precio de 120 $, Douthwaite dice que los productores de petróleo harían beneficios extra de alrededor del 6% del producto mundial. "El problema es que los productores no están comprando y consumiendo nada de la producción mundial que se asemeje a esa parte", añadió. "Lo que hacen es o bien prestar la renta al por mayor a los mercados monetarios o usarla para comprar participaciones en bancos o propiedades en países muy dependientes del petróleo". La idea de Douthwaite es que todo el mundo tenga su parte justa de la renta que deriva de la escasez de combustibles fósiles. Se trataría de una nueva institución mundial de la energía con la tarea de recortar las emisiones de carbono, lo que haría mediante la emisión de permisos por el importe de CO2 que se considerara coherente con este objetivo. Esos permisos serían más escasos que los combustibles fósiles, lo que elevaría su precio. Los consumidores realizarían su parte de la renta económica por la venta de esos permisos a los productores de petróleo. Los pueblos de las partes más pobres del mundo, con un bajo consumo energéticos, serían los que más ganarían. La propuesta es, ciertamente, una alternativa al “modelo de crecimiento a toda costa” y tiene atractivos económicos definidos: evitar una depresión causada por el modo feroz con que se está exprimiendo a los consumidores de energía. Que sea políticamente factible es otro asunto. Douthwaite cree que su plan puede ser considerado totalmente utópico. Lo triste es que puede tener razón. Cap & Share: Richard Douthwaite feasta.org Larry Elliott es el editor de la sección de economía Traducido por Víctor García para Globalízate Artículo original: http://www.guardian.co.uk/business/2008/aug/25/economicgrowth.globalrecession |