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CAMBIO CLIMÁTICO ¿Es hora de preocuparse sobre Copenhague? La distancia entre las naciones ricas y las economías emergentes sobre los objetivos de las emisiones de dióxido de carbono comienzan a parecer insalvables. James Murray de BusinessGreen.com* (16/08/09) Comienzo a estar muy preocupado. Esta semana (NdT: La reunión fue del 10 al 14 de agosto), otra ronda de las conversaciones sobre cambio climático de la ONU en Bonn, Alemania y una vez más todas las facciones claves parecen tan lejos como nunca de alcanzar un acuerdo significativo sobre los objetivos de emisiones de dióxido de carbono. Es muy pronto para renunciar a la esperanza de que un acuerdo sea alcanzado, particularmente porque cualquier ejercicio de diplomacia internacional está siempre caracterizado por el tipo de posturas y provocación que podemos esperar ver de nuevo en los próximos cinco días. Pero con sólo 117 días hasta el comienzo de la conferencia en Copenhague, son necesarios grandes avances pronto si queremos celebrar algo estas navidades. El problema es que todos los equipos claves de negociación están comenzando a sonar como discos rayados cuando piden que otros se muevan primero para mostrar sus objetivos antes de hacer ningún compromiso. China, India y otras economías emergentes no están pidiendo injustificadamente a las naciones ricas que sigan los últimos dictados científicos sobre el clima y acuerden recortar las emisiones un 40% para 2020 sobre los niveles de 1990. Pero incluso asumiendo que esto una táctica abierta y que podrían aceptar la oferta condicional de la UE de un 30% de recorte, todavía están pidiendo reducciones de un orden de magnitud más grande que el 4% de recorte sobre el nivel de 1990 propuesto por la administración Obama como parte de su oferta sobre cambio climático –lo cual, por cierto, todavía no ha sido aprobado. Entonces, ¿presupuestará e incrementará los EEUU los recortes que está dispuesto a ofrecer? Ni una oportunidad. Podemos discutir los caprichos del sistema electoral de EEUU, la maligna influencia de los lobbies de la industria de los combustibles fósiles y la psicosis colectiva de partes del Derecho Americano otra vez, pero los hechos según se ven son que la administración Obama se sentirá muy afortunada de obtener el recorte del 4% incluido en la oferta Wasman-Markey convertida en ley. Los negociadores de EEUU podrían tener un ataque de conciencia en Copenhague y firmar recortes más profundos para que la India y China se suban a bordo, pero cualquier objetivo más exigente podría ser rechazado en el Congreso, dejándonos exactamente donde estábamos. Esto pone la pelota de nuevo en el tejado de las naciones emergentes. ¿Aceptarán que la administración Obama está ofreciendo algo que puede ser a corto plazo y es serio sobre comprometerse a recortes más intensos de un 80% para 2050, dejándolos libres para firmar acuerdos más modestos para ellos? De nuevo, la respuesta es ni una oportunidad. Puedes argumentar que están haciendo algo que luego será contraproducente, dado que el mundo en desarrollo estará en la línea del frente contra los impactos del cambio climático. Sólo cuando puedes fácilmente rechazar el argumento de que a las economías emergentes debería serles permitido que se desarrollaran usando las mismas tecnologías altamente dependientes del carbono que sustenta el crecimiento en el Oeste. Cuando Gaia Vince preguntó retóricamente en un artículos para The Guardian: “El rico sur de los EEUU desarrolló su economía con el uso de esclavos. ¿Sería aceptable para la India usar esclavos ahora?”. Pero es del todo imposible argumentar con la posición estatal de China y la India que bajo cualquier definición de justicia social el mundo rico tiene una deuda histórica que pagar y entonces recoger la gran mayoría de ofertas para combatir el cambio climático –y esto significa acordar a la medida objetivos más ambiciosos y ayudar al mundo en desarrollo que descarbonice sus crecientes economías. Como el embajador Indio Chandrashekhar Dasgupta, un negociador principal de la India, explicó cuidadosamente a la BBC: “La India es un país donde la mitad de la población rural no tiene una bombilla en su casa, o cocina de gas. Describir este país como gran emisor es absurdo – no hay palabras.” O citar al, de alguna forma, más robusto John Prescott en The Guardian:”El hecho es que el Oeste ha envenenado el mundo y deja a continentes como África en la pobreza, El Oeste tendrá que sacar el dinero de la caja para las tecnologías limpias”. La forma de cuadrar el círculo es que los negociadores acuerden una forma igualitaria per cápita de objetivo de emisiones, y esto el llamado modelo de contracción y convergencia que está ganando apoyos entre algunos de los equipos negociadores. Pero parece demasiado tarde que los objetivos per cápita sean incluidos en el proceso de Copenhague, e incluso si lo fueran también chocarían contra el muro del sistema político de EEUU que no tolera objetivos que requerirían, en realidad recortes de emisiones más profundos en los EEUU que en ningún otro lugar. Así, ¿dónde va el proceso para romper este punto muerto? No estoy seguro de que pueda, al menos no en el asunto de vincular los objetivos de emisiones. Parece altamente probable que veremos una gigantesca chapuza en el asunto de objetivos construidos sobre lo que ya está en la mesa: es decir, grandes e inadecuados objetivos de las naciones ricas, reflejados en una vaga aspiración de recortar las emisiones del crecimiento de las naciones emergentes. Sin embargo, mientras un tratado sin objetivos podría terminar pareciendo un partido de fútbol sin goles, no sería necesario hacer del ejercicio una completa perdida de tiempo. Los progresos parece que están siendo realizados en el desarrollo de un mercado global de carbono, planes de reforestación y financiación de tecnologías limpias para los países en desarrollo. Los negociadores de los países ricos podrían no poder ver las ventajas competitivas de firmar un acuerdo con objetivos de emisiones que no será acompañado por los rivales emergentes, pero pueden seguramente ver los beneficios unidos a la creación de un gran clase de productos básicos en la forma de carbono y el afianzamiento de las relaciones comerciales con países como China e India. Hay un consenso construyéndose de que la financiada tecnología limpia bombeada al mundo en desarrollo, ayudará a crear un nuevo mercado para los centros de tecnologías limpias emergentes de EEUU y Europa, creando ganadores-ganadores económicos para todos los involucrados. Subvención y financiación para que los acuerdos atraigan los suficiente y podría ser posible obtener de las economías emergentes presupuestar un poco sobre el asunto de los objetivos. Es probable que haya un poco de desorden y es improbable que se acuerde lo que los científicos exigen, pero el trato final de Copenhague podría justo conseguir inadvertidamente lo que es necesario. Un marco legislativo, financiero y de precios de carbono que hace posible y atractivo para que los empresarios desarrollen energías limpias que son mejores y con un coste más rentable que los rivales que usan mucho el carbono que esperan reemplazar. Realiza esto y las fuerzas del mercado asegurarán una descarbonización de la economía global que se ocupa de si misma– con o sin objetivos. Traducido por Mario Cuéllar para Globalízate *Globalízate no comparte todos los postulados de este artículo y lo muestra por el interés del estado de las actuales negociaciones sobre el clima. Artículo original: http://www.guardian.co.uk/environment/2009/aug/12/network-copenhagen |