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SOCIEDAD
Esther Vivas: «Vivimos una deslocalización alimentaria»
Esther Vivas para Globalízate (25/07/08)
Esther Vivas explica en el libro "Supermercados, no gracias"
(Editorial Icària) que el modelo de gran cadena de distribución
comporta consecuencias nefastas no sólo para los bolsillos y los
estómagos de los consumidores, sino también para el campo.
En los últimos tiempos se habla mucho de aumento de la inflación,
escalada en los precios de los alimentos, especulación con productos
como el arroz o los cereales y graves problemas para mantener la renta
agraria. El libro "Supermercados, no gracias", escrito conjuntamente
por Xavier Montagut y Esther Vivas (Ed. Icària), del cual se ha
hecho una segunda edición, aporta luz al papel que la distribución
moderna juega en este asunto.
¿-Por qué tenemos que decir «no, gracias» a
los supermercados?
- «En el libro analizamos cuál es la lógica de la
gran distribución y cuáles son los actores en el Estado
español. También se identifican los impactos, la forma como
este modelo de distribución genera graves consecuencias en el modelo
de agricultura, en los derechos laborales, en el modelo de consumo y en
el medio ambiente. Y también damos a conocer los movimientos contrarios
a esta gran distribución y cuáles son las alternativas que
plantea. Damos a conocer la realidad del modelo de distribución
comercial, denunciamos su impacto y planteamos otras posibilidades como
son la soberanía alimentaria o el consumo responsable.»
-Explicáis que otro modelo de consumo es posible...
- «Sí. El modelo actual de distribución de alimentos
está monopolizado por siete grandes empresas en el Estado español:
cinco distribuidoras (Carrefour, Mercadona, Eroski, Alcampo y El Corte
Inglés) y dos centrales de compra (Euromadi e IFA), y entre todas
concentran el 75% de la distribución de alimentos. Por lo tanto,
si eres campesino y quieres vender tu producto estás obligado a
pasar por estas empresas de distribución. Son ellas, las empresas,
las que determinan qué pagan al campesino y el precio que el consumidor
tiene que pagar.»
-Y se establece un precio injusto, imagino. Porque la inflación
crece pero la renta del campesino es baja.
- «Actualmente, la renta agraria es el 55% de la renta general,
según datos de la organización de campesinos y ganaderos
COAG. El campesino cada vez recibe menos dinero por aquello que vende
y nosotros como consumidores cada vez pagamos más. Tenemos que
pensar que la media del diferencial entre el precio de coste y el precio
de venta es de un 390%, y en algunos productos, como en los limones, del
2.000%. Es la gran distribución la que se queda con el 60% del
beneficio en la venta de un producto.»
-En caso que al campesino le interese, también debe ser difícil
conseguir una buena posición en el súper.
- «Es muy complicado. La gran distribución pone unos condicionantes
muy fuertes a la hora de comprar un producto a un proveedor. Acaban pagando
a la empresa sólo para que tenga su producto, y el precio crece
si quieres estar en la repisa central o en los cruces de los pasillos.
Además, previamente, le has tenido que dejar una parte del producto
gratuitamente, para ver si tiene salida o no. Tiene más peso la
superficie comercial que el distribuidor. Las empresas multinacionales
todavía tienen margen para entrar en el juego, pero el pequeño
productor no.»
-Y eso comporta que compremos productos de centenares de kilómetros
de distancia.
- «Es un modelo irracional. La mayor parte de los productos que
consumimos vienen de la otra parte del mundo. Estamos viviendo una deslocalización
alimentaria y la producción se concentra allí donde la mano
de obra es más barata y donde las normativas ambientales son más
laxas. Pero, además, en los países del sur están
viviendo una invasión creciente de productos subvencionados del
norte, como la leche de Europa o el maíz norteamericano. En Cataluña
sólo un 1% de la población activa es campesina. Se ha perdido
mucho campesinado familiar.»
*Entrevista realizada por Eva García, publicada en El Punt, 19/05/2008.
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