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EL TLCCA MERECE UNA MUERTE TRANQUILA
Mark Engler/Globalizate
Aunque la Casa Blanca aún aspira a evitar la derrota,
cada vez está más claro que su fracaso en hacer aprobar
el Acuerdo de Libre Comercio de América Central (TLCCA) significa
el más reciente de una serie de reveses para su cancaneante agenda
comercial. Para los trabajadores de toda la América es motivo de
celebración.
En el año que ha transcurrido desde la presentación del
TLCCA al Congreso para su ratificación, la Casa Blanca repetidamente
ha prometido que haría aprobar el tratado. Sin embargo, una vez
tras otra las fechas topes han llegado sin que suceda.
A diferencia de la privatización de la Seguridad,
el presidente no ha montado innumerables reuniones al estilo de asambleas
municipales en apoyo al acuerdo comercial, el cual disminuiría
tarifas arancelarias y crearía reglas como las del TLCAN para el
intercambio económico entre EE.UU., El Salvador, Nicaragua, Honduras,
Guatemala, Costa Rica y República Dominicana. Por tanto, muchos
norteamericanos no han oído hablar mucho del acuerdo.
Pero no se equivoquen: la aprobación del TLCCA ha sido una significativa
prioridad legislativa para la administración este año y
su fracaso en hacerla aprobar brinda un buen indicio de que las dudosas
afirmaciones de los defensores del "libre comercio" han demostrado
ser nada convincentes.
Los líderes republicanos aún no han llevado a debate la
legislación al pleno de la Cámara de Representantes por
una sencilla razón: los promotores del TLCCA no tienen los votos
para aprobarlo. Eso ha sido porque una coalición de organizadores
sindicales, ambientalistas, defensores del "comercio justo"
y grupos de salud han persuadido a demócratas simpatizantes a que
se opongan firmemente. A esos legisladores se han unido conservadores
cuyos distritos albergan industrias afectadas por el comercio, como la
azucarera y textilera, e incluso por la Nueva Coalición Demócrata
de la Cámara que favorece el comercio, y han formado un bloque
que si le dieran la oportunidad hundiría el acuerdo.
¿Por qué se han aliado fuerzas tan disímiles en contra
del TLCCA? Porque es una mala idea para el pueblo de este país
y para Centroamérica.
Los defensores del TLCCA argumentan que ayudaría
a reducir la pobreza de nuestros vecinos al Sur. Sin embargo, el historial
del TLCAN no es prueba de ese optimismo. Aunque el anterior acuerdo comercial
sí llevó trabajos productivos con altos salarios de EE.UU.
a México, el salario real en el sector manufacturero mexicano en
realidad decreció en 13,5 por ciento entre 1994 y 2000, según
el Fondo Monetario Internacional.
Una de las razones para este decrecimiento fue el fracaso del TLCAN en
proteger los derechos de los trabajadores a organizarse en sindicatos.
En la práctica, el panel establecido por el "acuerdo paralelo"
laboral del acuerdo no ha podido imponer verdaderas penalidades a los
países o corporaciones, incluso en los casos más evidentes
de abuso. Por su parte, el TLCCA debilita las normas laborales recogidas
en la Ley de Asociación comercial para la Cuenca del Caribe de
2000, la cual incluye a las naciones del TLCCA. El nuevo acuerdo obliga
a los países a cumplir solamente sus propias leyes laborales, que
a menudo son menos abarcadoras que las normas reconocidas internacionalmente.
La presentación del TLCCA por parte del representante comercial
de EE.UU. como una herramienta para la exportación de la democracia
es altamente sospechosa. El TLCCA extiende eficazmente el notorio Capítulo
11 del TLCAN, que permite a las compañías cuestionar cualquier
ley que infrinja su capacidad para procurar futuras ganancias. Esta disposición
ha sido utilizada para eliminar leyes acerca del medio ambiente y salud
pública al calificarlas de "barreras comerciales" injustas.
De esta manera, las decisiones tomadas democráticamente -incluyendo
leyes norteamericanas- han estado sujetas a revisión por los tribunales
comerciales.
Si el TLCCA no es muy democrático, tampoco es muy "libre".
Algunos de los principales beneficiarios en EE.UU. probablemente sean
las grandes compañías farmacéuticas. Las disposiciones
de propiedad intelectual del TLCCA impedirían que los países
más pobres de la región produjeran medicamentos genéricos
más baratos. El Dr. Karim Laouabdia, de la organización
Médicos Sin Fronteras, ganadora del Premio Nóbel -que ha
estado suministrando medicamentos antirretrovirales a pacientes guatemaltecos
con SIDA- argumenta que las nuevas protecciones a patentes "harían
incosteables los nuevos medicamentos". Para este grupo, esto "significa
tratar a menos personas y, en efecto, sentenciar el resto a la muerte".
Según cualquier norma económica, tales
controles significarían un paso hacia el proteccionismo, no hacia
la "liberalización". Pero como ellos permiten a los exportadores
de medicamentos -cuyos cabilderos son famosos por su influencia en años
recientes- obtener enormes ganancias por sus productos de monopolio, la
oficina comercial no ha prestado mucha atención a esa contradicción.
Aparte de algunos intereses especiales, la importancia del TLCCA para
la Administración Bush es principalmente un escalón hacia
objetivos más importantes. A la Casa Blanca le gustaría
utilizar el acuerdo como una señal de que aún puede ser
una realidad un Área de Libre Comercial de las Américas
en todo el hemisferio. Este trato ha sido puesto en peligro por una nueva
generación de líderes latinoamericanos que reconocen que
el neoliberalismo de "libre mercado", durante sus dos décadas
de implementación gradual, ha exacerbado la desigualdad mientras
ha fracasado en cumplir las promesas de incremento del crecimiento económico.
En las semanas próximas el Presidente Bush seguirá presionando
con la esperanza de obtener de alguna manera una mayoría en el
Congreso. Sin embargo, lo más probable es que los norteamericanos
nunca lleguen a presenciar un voto definitorio acerca del TLCCA -y que
el acuerdo alcance la muerte tranquila que merece.
Mark Engler, escritor residente en la Ciudad
de Nueva York, es analista de Foreign Policy In Focus. Se le puede contactar
por medio del sitio web http://www.democracyuprising.com.
Jason Rowe brindó ayuda en la investigación para este artículo.
Traducido por Progreso Semanal.
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