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REUNIONES LA CUMBRE LLEGA A MAR DE PLATA CON TAREAS PENDIENTES Terra/EFE El libre comercio y el fortalecimiento de la democracia en el continente han marcado la Cumbre de las Américas desde su gestación, aunque los vaivenes políticos en la región han impedido hasta ahora concretar sus objetivos. Lo mismo puede decirse de los temas que han estado en la agenda de las cumbres anteriores, como la seguridad en el continente, la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, salud, educación, pobreza y medioambiente, entre otros. En torno a estos asuntos giraron las reuniones que los jefes de Estado y de Gobierno de 34 países (todos los americanos salvo Cuba) celebraron en Miami (EEUU, diciembre de 1994), Santiago de Chile (abril de 1998), Quebec (Canadá, abril de 2001) y, de forma extraordinaria, Monterrey (México, enero de 2004). La de Monterrey no fue la primera cita extraordinaria: en diciembre de 1996 ya se había celebrado otra, sobre Desarrollo Sostenible, en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), con conclusiones basadas en la Declaración de Río y en la 'Agenda 21', adoptada en la Conferencia sobre Medio Ambiente y Desarrollo celebrada por la ONU en Río de Janeiro, en 1992. La Cumbre de las Américas se inspiró en la Iniciativa de las Américas, anunciada por George Bush padre en 1990, con la que se pretendía generar, tras el fin de la Guerra Fría, nuevos mecanismos de concertación política y económica en el continente. Para los analistas, influyeron también los procesos de democratización de los países latinoamericanos en los años 80, su estancamiento económico, que derivó en la llamada 'década perdida', las crisis centroamericanas y las reformas neoliberales que, con diferente ritmo y profundidad, aplicaron los Gobiernos. La correspondió al sucesor de Bush padre, Bill Clinton, convocar la I Cumbre, y aunque su agenda fue múltiple, lo que acaparó la atención fue el compromiso de negociar un Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que sería realidad en enero de 2005. El precedente de la idea fue el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (en inglés NAFTA), puesto en marcha el 1 de enero de 1994. En Miami los gobernantes firmaron un 'Pacto para el desarrollo y la Prosperidad: Democracia, libre comercio y desarrollo sostenible en las Américas' y un plan de acción con el detalle de las acciones a desarrollarse para la consecución de los objetivos trazados. La crisis financiera mexicana (el conocido como 'Tequilazo') y la imposibilidad de Clinton de obtener del Congreso estadounidense la llamada 'vía rápida', que autorizaba al ejecutivo a negociar tratados y obligaba al Legislativo a aprobar o rechazar 'en paquete' lo negociado, estancaron el ALCA. No obstante, se esperaba que la idea reviviera en la Cumbre de Santiago con la invitación a Chile -el país que más avanzaba en las reformas económicas- para unirse al NAFTA, pero nada ocurrió y Clinton llegó a la capital chilena con las manos vacías. Así, la Declaración y el Plan de acción de la II Cumbre contenían compromisos en materia de educación, preservación y fortalecimiento de la Democracia, justicia y derechos humanos, integración económica, libre comercio y erradicación de la pobreza y la discriminación. La III Cumbre, en Quebec, dejó prácticamente de lado el ALCA y adquirió un cariz abiertamente político, como lo señala su Declaración: 'El mantenimiento y fortalecimiento del Estado de Derecho y el respeto estricto al sistema democrático son, al mismo tiempo, un propósito y un compromiso compartido, así como una condición esencial de nuestra presencia en ésta y en futuras Cumbres'. Acontecimientos posteriores, principalmente los atentados del 11-S, llevaron a la celebración de la Cumbre extraordinaria de Monterrey, a fin de llenar las flaquezas del plan original. Esa Cumbre, que para los analistas marcó el regreso de EEUU a la región tras su cruzada contra el terrorismo y el 'eje del mal', contó con la participación de sólo 27 jefes de Estado y de Gobierno. La cita, según recoge la 'Declaración de Nuevo León', que contó con la 'reserva' del presidente venezolano, Hugo Chávez, a una referencia sobre el ALCA, abordó tres áreas consideradas de especial interés: el crecimiento económico con equidad, el desarrollo social y la gobernabilidad democrática. Entretanto, Chile había negociado tratados de libre comercio con México y Canadá, socios de EEUU en el NAFTA, un Acuerdo de Asociación Política, Económica y de Cooperación, que incluía el libre comercio, con la Unión Europea y otro TLC con Corea del Sur. Sobre esa base, Washington negoció su propio tratado comercial bilateral con Santiago, que cristalizó a comienzos de 2004 y lo ha empleado como base de otras negociaciones con la Comunidad Andina, Centroamérica y el Mercosur. En ese contexto la ciudad argentina de Mar del Plata recibe ahora a los gobernantes del continente, con una agenda centrada en la creación de empleos para combatir la pobreza y fortalecer la democracia. |